Friday, December 12, 2008

Aparición

Ayer... Hoy, entre las doce y media de la noche y la una de la mañana, hora exacta indeterminada. En la cama, dando vueltas (literal y figuradamente). La semana que me queda aquí ("Por favor, por favor, que nadie siga el ejemplo de los activistas de Stansted y trate de detener el cambio climático empezando por impedir el tráfico aéreo en Gatwick"), el trabajo que he realizado ("Bien, semiosis, sí, colonial también, pero, ¿cómo aplicarla a los textos?"), los papeles que necesito para justificar la ayuda económica ("Tarjetas de embarque -y pensar que yo suelo doblarlas y romperlas casi inconscientemente cuando estamos a punto de despegar-, carta de mi supervisora, facturas, tickets del super, el Toisón dorado..."), este blog ("Aparte de mi querida friki "Sweet Baby", últimamente nadie se deja caer por aquí... ¿Les resultará aburrido?"), sentimientos de culpabilidad ("No debí haber comprado esa bolsa de bolitas Mars") mezclados con deseos de venganza ("Espero que el que inventó las bolitas de chocolate Mars sea ahora obeso mórbido"), y los toques de atención de mi karma ("Nonono... No lo deseo. Espero que sea feliz. Y gordo. No, gordo no").
Se enciende la luz de fuera. Aquí es común convertir las casas antiguas de dos pisos en dos (a veces más) viviendas. Yo vivo en la planta baja de una de estas casas, de modo que todas las ventanas quedan a la altura de la indiscreción de los viandantes (en realidad, mi ventana da a la tapia del jardín y el resto tiene cristales esmerilados para proteger la sacrosanta intimidad de los británicos). Se enciende, como digo, la luz de fuera (es parte del sistema de seguridad, se activa con el movimiento) y entra a raudales por el hueco entre mis cortinas (persianas, cómo os echo de menos...). Me giro y miro por la ventana, que está a menos de un metro de la cama.
"Será alguna de las gatas".
(OK, OK, mi primer pensamiento es: "Ohdiosohdios, nos van a robar, si ya sabía yo que con este sistema de seguridad merdero nos iba a pasar cualquier día, ohdios, qué hago, aviso o me hago la dormida, con qué me puedo defender en esta habitación, elflexono, losbotesdechampúlanzándolostalvez, ohdiosohdios..."). Desecho estas ideas con una sonrisita nerviosa. La razón da una bofetada al histerismo y se hace cargo de la situación: "Será alguna de las gatas".
Y entonces lo veo sobre la tapia.
Pelo rojo, brillante y tan suave como para hacer palidecer a la chica Pantene. Ojos negros y líquidos con las pupilas (no papilas) contraídas por la luz. Miembros largos y ágiles. Es joven y perfecto.
A la generación inmediatamente anterior a la nuestra le marcó la Bola de Cristal y la muerte de Rodríguez de la Fuente, y nosotros, tierna carne de televisión, fuimos testigos directos o indirectos de tales acontecimientos (aún recuerdo los documentales que emitían en horario infantil).
Por eso no puedo evitar exhalar un suspiro al ver mi primer zorro.
Él, o tal vez ella, no me ve. Incómodo por el día artificial que anticipándose ha iluminado la entrada al jardín, me regala la visión de su pecho blanco y el sigilo de sus movimientos y desaparece. Dejo caer la cabeza sobre la almohada. Las incongruencias quedan aplazadas hasta la lucidez del día siguiente (¿Qué hace un zorro en medio de una zona residencial londinense? ¿Se alimenta de basura?¿Dónde están los sádicos y elegantes aristócratas que tendrían que haber aparecido persiguiéndolo vilmente en mitad de la noche?).

8 comments:

Anonymous said...

Pues a mí el zorro no me hubiera asustado. Lo que me habría asustado sería los cuarenta británicos con sus sesenta sabuesos que podían haber venido detrás.

¡¡Cómprate una corneta por si vuelve a aparecer otro!!

Tú zorro, aún no supera "mis coyotes" nena :P

(Yo no soy sweet baby y también me paso por aquí jooo)

Emc said...

Pues menos mal que los aristócratas no salieron trás él. Pobrín!

sunayani said...

:)
Espero que no apareciesen al día siguiente los aristócratas para cazarlo...
Yo tuve un cachorro de zorro del desierto en marzo... Más cuco, que me lo hubiese traído a casa, a ver si hacía buenas migas con el gato...

Anonymous said...

Joder, Suyanani, tuviste un zorro? También un chico de mi pueblo tuvo uno... pero me temo que se parecía un poco a los británicos con sabueso... Una mala experiencia en mi infancia.

La tuya es genial, Vir, qué bien te dejan estas cosas, aunque parezca una tontería. Yo sólo he tenido ocasión de ver alguno de refilón en la carretera... Y uno a las tantas de la mañana caminando por la nacional de al lado de mi casa...

Pero recuérdame cuando vuelvas que te cuente alguna otra experiencia con animalillos, porque me encanta contarlas... jejeje.

larubiafriqui said...

Sweets ba-by / amai koibito, jajaja, mis bragas son para vos. Qué guay, un zorrete, ¿cómo son de grandes? En Eslopaquia vi alguno alguna vez, pero por la montaña y de lejos, pero no eran rojos, tienen que ser muy bonitos :)

ysa said...

Leyendo tu entrada me daba hasta pena tu reflexión acerca de la poca gente que te visitaba, pero tras haber llegado a este punto empiezo a pensar que no era más que una táctica para atraer la atención de todo el mundo mediante la ya antigua técnica de hacernos sentir mal.. jejeje.
Bueno, lo que está claro es que ha funcionado, aquí estamos todas firmando. En mi defensa he de decir que casi no entro ni a mi blog... :(

Por si no hablamos antes, buen viaje de vuelta. A ver si llegas antes de que te coma tu precioso vecinito ;)

Anonymous said...

¡Saludos a todos!

Acerca de las ventanas a nivel de calle, en nederlandia también las tenían, pero debido a sus costumbres calvinistas el vidrio no era esmerilado y ¡muchas veces no tenían ni cortinas! (podías fisgar a tus anchas en las casitas perfectamente decoradas).

Y sobre los zorros, casualidad de las casualidades, ayer Sir David Frederick Attenborough comentaba ayer en un documental sobre mamíferos oportunistas lo bien que se han adaptado los zorros en Reino Unido a la vida urbana, sobrepasando ampliamente concentraciones naturales. Y como a la gente les caen bien, pues les dejan comida (el 60% de lo que comen), y así, continúa la consabida emigración del campo a la ciudad.

¡Un abrazo para todos! ¡Vuelve V.! (vítor por tu regreso, no imperativo)
(Ahora desde Madrí)

Anonymous said...

Jajajajaja y yo (perdiéndome esto) cortando cartón y teorizando sobre su disposición en movimiento...

(BTW, ya he pegado la parte más chunga de la figura... a ver si se secan del todo las bolas de 1cm de cola antes de añadirle más peso, porque las primeras se me han espachurrao toaaasssss guaa guaaa jajaja en fin...)

Ahhh sobre la generación del 70, aquellos que fuimos marcados por la bola de cristal... qué tiempos... (no me puedo creer que a tí no te marcara ná jajaja, vale, a pesar de que eres más peque...)