3 years ago
Tuesday, February 27, 2007
By the way...
Me vendría bien en este caso que compartiérais conmigo vuestra sabiduría y me contárais a qué remedios acudís en momentos de bajón. Yo he mencionado el alcohol ("Mal, mal, orina de Satánas" -Bridget Jones dixit) y el chocolate, lo que descarta el alcohol, el chocolate, y por extensión el helado de chocolate al brandy, ron, etc. ¿A qué perversiones recurrís?¿Escucháis el disco de recopilación de ABBA - y lloráis cuando suenan los acordes de "Chiquitita"? ¿Os ponéis el pijama -de franela- y azotáis a vuestros peluches con regaliz rojo...?
Explicación
Cuando nos vienen mal dadas, cuando la apatía gana la partida, cuando nos acecha el fantasma de la depresión, cuando la autoestima te abandona como el desodorante, cuando nos vence el estrés, hay gente que...
a) sale una noche, se emborracha, duerme hasta las tres de la tarde y se levanta como si nada hubiera ocurrido, dispuesta a seguir con su vida donde la había dejado;
b) queda con sus amigos, compra tres litros de helado de chocolate (con trocitos), reparte cucharas y les abre su alma, tal vez llora hasta que le escuece la cara por las lágrimas, pasa un par de días abatida y... Sigue con su vida.
Y luego estamos "los demás" :(
Mal hecho, lo sé, estáis ahí y os preocupáis un poquito por mí... Me siento mejor y procuraré informaros de mis progresos.
a) sale una noche, se emborracha, duerme hasta las tres de la tarde y se levanta como si nada hubiera ocurrido, dispuesta a seguir con su vida donde la había dejado;
b) queda con sus amigos, compra tres litros de helado de chocolate (con trocitos), reparte cucharas y les abre su alma, tal vez llora hasta que le escuece la cara por las lágrimas, pasa un par de días abatida y... Sigue con su vida.
Y luego estamos "los demás" :(
Mal hecho, lo sé, estáis ahí y os preocupáis un poquito por mí... Me siento mejor y procuraré informaros de mis progresos.
Friday, February 09, 2007
El Taxista... (¿Guay?)
DRAMATIS PERSONAE
Taxista
Cliente
En el escenario, dos asientos (sillas, cubos... Lo ideal serían dos asientos de coche). El taxista sostendrá un volante, y si se logra conseguir también una caja de cambios, que el taxista manejará con gestos casi involuntarios de tan repetidos, resultaría perfecto. El taxista espera (coloca el retrovisor, juguetea con el muñequito que de allí cuelga, descansa la mano en la palanca de cambios...). Llega la cliente, arrebujándose en su ropa de abrigo. Abre la puerta y se sienta a su lado.
C: ¡Qué frío!
T: ¿A dónde te llevo?
C: A la estación.
T: (Paciente) ¿De trenes o de autobuses?
C: (Sonríe disculpándose) De autobuses, perdona.
(Suena el intermitente. El coche arranca y se ponen en marcha. Pasan unos segundos. El taxista tose, se lleva la mano a la boca. Sigue tosiendo con grandes ademanes).
C: (Tratando de iniciar conversación, tono que desborda simpatía). Vaya gripe, ¿no?
T: Sí. Llevo ya unos meses así.
C: ¿Unos meses?
T: Sí, es una de estas gripes que... De aquí a la tumba.
C: (Un tanto sorprendida) Hombre... No será para tanto.
T: ¿Que no? Ayer, sin ir más lejos (señala un punto indefinido en el espacio), en esa calle de allí, un chaval... Ni veinte años tenía.
C: ¿La gripe?
T: ¿Qué gripe? Le dio un arrebús y se fue para el otro barrio. Los médicos no se lo explican.
C: Qué... qué lástima.
T: La vida, mujer, la vida. El padre de mi cuñado... (Lo interrumpe otro ataque de tos).
C: (Como si se esperase de ella una reacción, aunque la situación empieza a incomodarla. Evita mirar al taxista, se gira hacia la ventana, se sube el cuello del abrigo, etc.) ¿Sí?
T: El otro día, come, se arregla - como siempre, vamos-, baja a jugar a las cartas, empieza a encontrarse mal... Y allí se queda como un pajarito.
C: Ah. De repente, así...
T: ¿Cómo de repente? Una gripe que no se tenía. Pero ya sabes, era mayor, se cuidaba poco, no le dio importancia...
C: Vaya por dios.
(Silencio. Transcurre medio minuto en que el taxista sigue conduciendo, girando - momento en que ambos se inclinan ligeramente en la dirección que corresponda-, poniendo y quitando el intermitente, encendiendo y apagando la radio, buscando emisoras, etc. Pasado el medio minuto, el taxista mira con disimulo a su cliente).
T: (Aclarándose la garganta) Mi amigo Manolo el del pueblo.
C: (Mirando por la ventana. Interesada a su pesar) ¿Qué le ocurrió?
T: Le gustaba sacar a pasear al perro por el monte. Le chiflaba la naturaleza, se pasaba horas solo por allí arriba. Pero llega la hora de cenar y Manolo que no aparece. Que no aparece y que no aparece y su mujer llama al guardamontes, a la guardia civil... ( Se detienen entonces con cierta brusquedad) Hala, rica, hemos llegado. Son cinco euros. (La cliente busca en su cartera y saca el dinero, mientras el taxista continúa hablando). Lo encontraron a la madrugada. Lo había picado una abeja.
(La cliente abre la puerta, se baja del coche. Duda, mantiene la puerta abierta).
C: ¿Era alérgico?
T: (Sonríe como el orador que tiene siempre la última palabra). No. Lo picó en la garganta y murió de asfixia. Y ciérrame la puerta que este frío va a acabar conmigo.
Ahí lo tenéis. Me ocurrió el viernes pasado. La única licencia artística* que me he tomado ha sido la de hacer coincidir el fin de la conversación con el fin del viaje (en realidad nos quedamos en silencio los cuatro minutos más incómodos de mi vida).
*Vale. No era una abeja, en realidad me dijo avispa. Y vale, en realidad el padre de su cuñado y su amigo Manolo se referían a la misma persona y no recuerdo exactamente las circunstancias en que esa persona murió.
Taxista
Cliente
En el escenario, dos asientos (sillas, cubos... Lo ideal serían dos asientos de coche). El taxista sostendrá un volante, y si se logra conseguir también una caja de cambios, que el taxista manejará con gestos casi involuntarios de tan repetidos, resultaría perfecto. El taxista espera (coloca el retrovisor, juguetea con el muñequito que de allí cuelga, descansa la mano en la palanca de cambios...). Llega la cliente, arrebujándose en su ropa de abrigo. Abre la puerta y se sienta a su lado.
C: ¡Qué frío!
T: ¿A dónde te llevo?
C: A la estación.
T: (Paciente) ¿De trenes o de autobuses?
C: (Sonríe disculpándose) De autobuses, perdona.
(Suena el intermitente. El coche arranca y se ponen en marcha. Pasan unos segundos. El taxista tose, se lleva la mano a la boca. Sigue tosiendo con grandes ademanes).
C: (Tratando de iniciar conversación, tono que desborda simpatía). Vaya gripe, ¿no?
T: Sí. Llevo ya unos meses así.
C: ¿Unos meses?
T: Sí, es una de estas gripes que... De aquí a la tumba.
C: (Un tanto sorprendida) Hombre... No será para tanto.
T: ¿Que no? Ayer, sin ir más lejos (señala un punto indefinido en el espacio), en esa calle de allí, un chaval... Ni veinte años tenía.
C: ¿La gripe?
T: ¿Qué gripe? Le dio un arrebús y se fue para el otro barrio. Los médicos no se lo explican.
C: Qué... qué lástima.
T: La vida, mujer, la vida. El padre de mi cuñado... (Lo interrumpe otro ataque de tos).
C: (Como si se esperase de ella una reacción, aunque la situación empieza a incomodarla. Evita mirar al taxista, se gira hacia la ventana, se sube el cuello del abrigo, etc.) ¿Sí?
T: El otro día, come, se arregla - como siempre, vamos-, baja a jugar a las cartas, empieza a encontrarse mal... Y allí se queda como un pajarito.
C: Ah. De repente, así...
T: ¿Cómo de repente? Una gripe que no se tenía. Pero ya sabes, era mayor, se cuidaba poco, no le dio importancia...
C: Vaya por dios.
(Silencio. Transcurre medio minuto en que el taxista sigue conduciendo, girando - momento en que ambos se inclinan ligeramente en la dirección que corresponda-, poniendo y quitando el intermitente, encendiendo y apagando la radio, buscando emisoras, etc. Pasado el medio minuto, el taxista mira con disimulo a su cliente).
T: (Aclarándose la garganta) Mi amigo Manolo el del pueblo.
C: (Mirando por la ventana. Interesada a su pesar) ¿Qué le ocurrió?
T: Le gustaba sacar a pasear al perro por el monte. Le chiflaba la naturaleza, se pasaba horas solo por allí arriba. Pero llega la hora de cenar y Manolo que no aparece. Que no aparece y que no aparece y su mujer llama al guardamontes, a la guardia civil... ( Se detienen entonces con cierta brusquedad) Hala, rica, hemos llegado. Son cinco euros. (La cliente busca en su cartera y saca el dinero, mientras el taxista continúa hablando). Lo encontraron a la madrugada. Lo había picado una abeja.
(La cliente abre la puerta, se baja del coche. Duda, mantiene la puerta abierta).
C: ¿Era alérgico?
T: (Sonríe como el orador que tiene siempre la última palabra). No. Lo picó en la garganta y murió de asfixia. Y ciérrame la puerta que este frío va a acabar conmigo.
Ahí lo tenéis. Me ocurrió el viernes pasado. La única licencia artística* que me he tomado ha sido la de hacer coincidir el fin de la conversación con el fin del viaje (en realidad nos quedamos en silencio los cuatro minutos más incómodos de mi vida).
*Vale. No era una abeja, en realidad me dijo avispa. Y vale, en realidad el padre de su cuñado y su amigo Manolo se referían a la misma persona y no recuerdo exactamente las circunstancias en que esa persona murió.
Wednesday, January 31, 2007
Cuando tenemos "uno de esos días"
Eufemismo donde los haya, desde luego, y todo por evitar la incómoda (?) expresión síndrome premenstrual. Apareció ayer en El País un artículo con el sugerente (?) titular "Cuando ella tiene uno de esos días" acerca de las últimas investigaciones sobre los procesos que desencadenaban el SPM o... SÍN-DRO-ME PRE-MENS-TRUAL (llamémoslo por su nombre). Han llegado a la conclusión de que durante la primera mitad del ciclo, las glándulas producen más estrógenos (las chicas nos volvemos más femeninas, nos entran unas ganas irrefrenables de cocinar galletas y tal), mientras que en la segunda mitad domina la progesterona (y entonces nos volvemos masculinas, y cogemos un machete para reducir las galletas a migajas... Y perdemos después en la espesura machete en mano). El artículo desarrolla otras cuestiones (consultadlo en http://www.elpais.com/articulo/sociedad/tiene/dias/elpepusoc/20070130elpepisoc_11/Tes).
Si yo suelto la lagrimilla con mucha más facilidad durante el SPM, ¿significa que la máxima es errónea y los chicos sí que lloran (y mucho, y por cuestiones insignificantes como "ese" anuncio)?
Si los resultados del estudio no andan muy desencaminados, ¿entonces los chicos os sentís así tooooodo el tiempo? (¡Qué pobres!)
Las hormonas nos controlan, el amor proviene de una reacción química y no somos más que el vehículo que nuestros genes emplean para reproducirse. Pensamiento deprimente. Me bajo por chocolate (será el SPM, o que mi cuerpo me lo exige para compensar el bajón emocional).
Si yo suelto la lagrimilla con mucha más facilidad durante el SPM, ¿significa que la máxima es errónea y los chicos sí que lloran (y mucho, y por cuestiones insignificantes como "ese" anuncio)?
Si los resultados del estudio no andan muy desencaminados, ¿entonces los chicos os sentís así tooooodo el tiempo? (¡Qué pobres!)
Las hormonas nos controlan, el amor proviene de una reacción química y no somos más que el vehículo que nuestros genes emplean para reproducirse. Pensamiento deprimente. Me bajo por chocolate (será el SPM, o que mi cuerpo me lo exige para compensar el bajón emocional).
Wednesday, January 17, 2007
Sin palabras
En cinco minutos:
Lugar: mi habitación
Hora: las seis de la tarde (aprox.)
Vestuario: el pijama de franel... Digo, pantalón, camiseta y la bata por encima (hacía frío).
Actividad: leía un documento PDF en el portátil
Suceso: cruzo los brazos, extiendo las manos. De repente me noto un bultito.
Proceso mental: Me aseguro. Sí, es duro. No, no se mueve. Ohdiosohdiosohdios. ¿La cantante de Chambao no tuvo un cáncer de mama a los veintiocho años? Ganas inmensas de llorar. ¿Qué hago, llamo a mi madre, se lo oculto para que no sufra y me las arreglo para pedir hora a un oncólogo o ginecólogo? La angustia me cierra la boca del estómago, se me sube el corazón a la boca, me cuesta tragar saliva, etc.
Me armo de valor, me levanto y voy al baño.
Para descubrir que era una j*****a tachuela de la camiseta.
Gracias a lo que sea por estar viva y sana. Voy a quemar la camiseta en cuanto vuelva a casa.
Lugar: mi habitación
Hora: las seis de la tarde (aprox.)
Vestuario: el pijama de franel... Digo, pantalón, camiseta y la bata por encima (hacía frío).
Actividad: leía un documento PDF en el portátil
Suceso: cruzo los brazos, extiendo las manos. De repente me noto un bultito.
Proceso mental: Me aseguro. Sí, es duro. No, no se mueve. Ohdiosohdiosohdios. ¿La cantante de Chambao no tuvo un cáncer de mama a los veintiocho años? Ganas inmensas de llorar. ¿Qué hago, llamo a mi madre, se lo oculto para que no sufra y me las arreglo para pedir hora a un oncólogo o ginecólogo? La angustia me cierra la boca del estómago, se me sube el corazón a la boca, me cuesta tragar saliva, etc.
Me armo de valor, me levanto y voy al baño.
Para descubrir que era una j*****a tachuela de la camiseta.
Gracias a lo que sea por estar viva y sana. Voy a quemar la camiseta en cuanto vuelva a casa.
Monday, January 15, 2007
Elephant, by Gus Van Sant
Mi guilty pleasure este sábado (dado que me he pasado el fin de semana encerrada, dándole los últimos toques a las 25 páginas de mi tesina - penoso). Estrenada en 2003, se trata de una dramatización (¿o ficcionalización?) de los sucesos de Columbine que Michael Moore se había encargado de analizar un año antes en su controvertido documental sobre la pasión -insana- que los ciudadanos de los EEUU sienten por las armas de fuego. Estilo europeo, minimalista, muy poético, ritmo lento pero en ningún momento pesado, movimientos de cámara sorprendentes y planos que se escapan de lo convencional; hay escenas que en el MUSAC pasarían por instalaciones de vídeo. Se eligió a los actores entre estudiantes de instituto (se presentaron al casting unos tres mil) y se mueven frente a la cámara con una naturalidad pasmosa, aunque más de uno no puede evitar mirarla con descaro. ¿Pegas? Fueron los propios actores los encargados de escribir los diálogos, lo que lleva a tener que soportar memeces del tipo: "Pasas demasiado tiempo con tu novio. Yo soy tu mejor amiga desde hace ¡¡Tres años!! (tía)" "Tengo que distribuir el tiempo. ¿O pretendes que pase el 95% contigo y el 5% con él? (o sea)" "No subiré a ese coche contigo, soy demasiado joven para morir (¿qué se puede decir? Brillante)" Y mi favorita: "¿Crees que todavía se pueden comprar banderas nazis?".
8/10
8/10
Thursday, January 11, 2007
Espesa
Como a L. le gustan las lentejas. Consulto el Simon&Schuster's que le birlo por horas a I. y encuentro la siguiente traducción de density: "estupidez o torpeza mental"; no especifican si se trata de una torpeza pasajera o permanente (y yo rezo por que la mía desaparezca en unos días). Aunque me llama la atención la coincidencia del significado de ambas expresiones, esa idea al parecer común al inglés y al español de que los pensamientos han de fluir veloces como una corriente de agua, prefiero los rasgos que distinguen a una lengua del conjunto. Por ejemplo, ¿qué sugiere la expresión: It makes me feel as if a goose were walking on my grave (Me hace sentir como si un ganso caminase sobre mi tumba)? Parece que queda en suspenso la concepción lineal del tiempo, ¿verdad?. A mí no se me ocurre ninguna equivalencia en español, a no ser "Estáis clavando otra punta en mi ataúd" o similares, y no pondría la mano en el fuego (puede tratarse de una traducción literal del inglés que ha encontrado acomodo en español). De hecho, ningún profesional traduciría "Me hace sentir como si un ganso...", sino "Me da escalofríos", ni "Estáis clavando otra punta..." si tiene el recurso castizo "Me matáis a disgustos".
Mmmm... Y esta ha sido mi pausa intelectual/lingüística de las doce y media.
Voy a añadir uno más a mi lista de propósitos razonables para el 2007: Dejar de escuchar las noticias por la mañana (se me va a quedar cara de político en la oposición).
Mi caballo bien, gracias, por si alguna/o se lo estaba preguntando. Lo he dejado atado a la chumbera.
Mmmm... Y esta ha sido mi pausa intelectual/lingüística de las doce y media.
Voy a añadir uno más a mi lista de propósitos razonables para el 2007: Dejar de escuchar las noticias por la mañana (se me va a quedar cara de político en la oposición).
Mi caballo bien, gracias, por si alguna/o se lo estaba preguntando. Lo he dejado atado a la chumbera.
Friday, January 05, 2007
The End
Tiró de la sábana y la mujer se incorporó, chillando y sacudiéndose como poseída. Pero la niña era fuerte y aún tenía el cuchillo de su padre; logró sujetar a su abuela lo suficiente para averiguar la causa de su enfermedad. Había un muñón sangriento y que mostraba los primeros síntomas de la gangrena allá donde su mano derecha hubiera debido estar.
La niña se santiguó y gritó tan fuerte que los vecinos la oyeron y acudieron a toda prisa. Reconocieron la verruga como el pezón de una bruja; arrastraron a la anciana en camisón fuera de la casa, sobre la nieve golpearon sus viejos huesos con palos hasta el límite del bosque y la lapidaron hasta que murió.
La niña vive ahora en la casa de su abuela: ha prosperado.
La niña se santiguó y gritó tan fuerte que los vecinos la oyeron y acudieron a toda prisa. Reconocieron la verruga como el pezón de una bruja; arrastraron a la anciana en camisón fuera de la casa, sobre la nieve golpearon sus viejos huesos con palos hasta el límite del bosque y la lapidaron hasta que murió.
La niña vive ahora en la casa de su abuela: ha prosperado.
Tuesday, January 02, 2007
LRRH meets the Wolf
Era enorme, con los ojos rojos y las grisáceas costillas visibles bajo la piel; cualquiera, esto es, cualquiera excepto la hija de un lugareño, se habría muerto de miedo. Se tiró a por la garganta, como hacen los lobos, pero ella lo rechazó con el cuchillo de su padre y le rebanó la pata delantera derecha.
El lobo dejó escapar un gruñido que sonó como un quejido cuando comprobó lo que le había ocurrido: los lobos son en realidad más cobardes de lo que parecen. Se alejó cojeando a tres patas, dejando un rastro sanguinoliento entre los árboles. La niña limpió la hoja del cuchillo en su mandil, envolvió la pata del lobo en el trapo con que su madre había hecho un paquetito con los pasteles de avena y retomó el camino hacia la casa de su abuela. Empezó a nevar de pronto, con tal intensidad que cualquier huella o rastro, y hasta el camino en sí, dejaron de ser visibles.
El estado de su abuela, tan enferma que se había metido en la cama y había caído en un sueño irregular, salpicado de quejidos y tiriteras, le llevó a pensar que era víctima de unas fiebres. Le puso la mano en la frente. Ardía. Se le ocurrió mojar el trapo que envolvía la pata para refrescar a la anciana, y al sacudirlo la pata cayó al suelo.
Pero ya no era una pata de lobo. Era una mano humana, cortada a la altura de la muñeca, una mano encallecida por el trabajo a la intemperie y sombreada por las pecas de la edad. Tenía un anillo en el anular y una verruga en el índice. Por la verruga supo que se trataba de la mano de su abuela.
No quiero herir (más) sensibilidades "en fechas tan señaladas". Dejo el resto para otra ocasión. Por cierto, ¿vosotros creéis en la memoria atávica? No creo que exista este concepto como tal, de modo que me explicaré. ¿Creéis que existe un conjunto de datos que almacenamos en la memoria como especie, ciertos conocimientos que no aprendemos sino que "vienen de serie", por decirlo así? Generativismo aparte (que os veo venir a las lingüistas), recuerdo una anécdota que me contaba mi abuela. Cuando ella tenía seis o siete años, mi bisabuelo la dejó cuidando un pequeño rebaño de ovejas en el monte. Mi abuela se distrajo un momento (¿un pájaro, una mariposa, una flor? ¿Qué te distrae cuando cargas con una responsabilidad de adulto a los seis años?) y cuando se volvió, un lobo ("el" lobo, como ella dice) se estaba llevando un corderito entre las fauces. A mi abuela se le ocurrió tirarle unas piedras, que al animal le rebotaban en los costados. Acabó llevándose al cordero, para desconsuelo de mi abuela. ¿Me vendrá de ahí la preferencia por Caperucita? ¿Me lo contó tal vez cuando tenía cuatro o cinco años y se me fijó como una lapa al subconsciente?
Anécdota b): tengo tres o cuatro años. Lo sé porque alguien, creo que mi madre, me está ayudando a bajar las escaleras. Me agarro con fuerza a su mano. Ya ha anochecido, la luz del pasillo está encendida. Llegamos al rellano de nuestro piso. Entonces la veo y juraría que ella me mira a mí, fijamente, con unos ojillos negros, brillantes e inteligentes. Es una rata enorme, la primera que veo en mi vida. Abro la boca y empiezo a gritar. Fundido en negro.
¿Por qué me asusté si nunca antes había visto una rata? ¿Un recuerdo transmitido de generación en generación, una advertencia sobre sus dolorosos mordiscos y las enfermedades que podían transmitir en una época en que por cada niño que nacía morían tres?
El lobo dejó escapar un gruñido que sonó como un quejido cuando comprobó lo que le había ocurrido: los lobos son en realidad más cobardes de lo que parecen. Se alejó cojeando a tres patas, dejando un rastro sanguinoliento entre los árboles. La niña limpió la hoja del cuchillo en su mandil, envolvió la pata del lobo en el trapo con que su madre había hecho un paquetito con los pasteles de avena y retomó el camino hacia la casa de su abuela. Empezó a nevar de pronto, con tal intensidad que cualquier huella o rastro, y hasta el camino en sí, dejaron de ser visibles.
El estado de su abuela, tan enferma que se había metido en la cama y había caído en un sueño irregular, salpicado de quejidos y tiriteras, le llevó a pensar que era víctima de unas fiebres. Le puso la mano en la frente. Ardía. Se le ocurrió mojar el trapo que envolvía la pata para refrescar a la anciana, y al sacudirlo la pata cayó al suelo.
Pero ya no era una pata de lobo. Era una mano humana, cortada a la altura de la muñeca, una mano encallecida por el trabajo a la intemperie y sombreada por las pecas de la edad. Tenía un anillo en el anular y una verruga en el índice. Por la verruga supo que se trataba de la mano de su abuela.
No quiero herir (más) sensibilidades "en fechas tan señaladas". Dejo el resto para otra ocasión. Por cierto, ¿vosotros creéis en la memoria atávica? No creo que exista este concepto como tal, de modo que me explicaré. ¿Creéis que existe un conjunto de datos que almacenamos en la memoria como especie, ciertos conocimientos que no aprendemos sino que "vienen de serie", por decirlo así? Generativismo aparte (que os veo venir a las lingüistas), recuerdo una anécdota que me contaba mi abuela. Cuando ella tenía seis o siete años, mi bisabuelo la dejó cuidando un pequeño rebaño de ovejas en el monte. Mi abuela se distrajo un momento (¿un pájaro, una mariposa, una flor? ¿Qué te distrae cuando cargas con una responsabilidad de adulto a los seis años?) y cuando se volvió, un lobo ("el" lobo, como ella dice) se estaba llevando un corderito entre las fauces. A mi abuela se le ocurrió tirarle unas piedras, que al animal le rebotaban en los costados. Acabó llevándose al cordero, para desconsuelo de mi abuela. ¿Me vendrá de ahí la preferencia por Caperucita? ¿Me lo contó tal vez cuando tenía cuatro o cinco años y se me fijó como una lapa al subconsciente?
Anécdota b): tengo tres o cuatro años. Lo sé porque alguien, creo que mi madre, me está ayudando a bajar las escaleras. Me agarro con fuerza a su mano. Ya ha anochecido, la luz del pasillo está encendida. Llegamos al rellano de nuestro piso. Entonces la veo y juraría que ella me mira a mí, fijamente, con unos ojillos negros, brillantes e inteligentes. Es una rata enorme, la primera que veo en mi vida. Abro la boca y empiezo a gritar. Fundido en negro.
¿Por qué me asusté si nunca antes había visto una rata? ¿Un recuerdo transmitido de generación en generación, una advertencia sobre sus dolorosos mordiscos y las enfermedades que podían transmitir en una época en que por cada niño que nacía morían tres?
Thursday, December 21, 2006
Kill Wolf, Volume II
Aprovechando que no sé cuándo volveré a escribir, os dejo la segunda parte de la traducción para que os vayáis entreteniendo las primeras horas de vacaciones (para los afortunados que las tengan).
Las ristras de ajos ahuyentan a los vampiros. Un niño de ojos azules que nazca al revés la víspera de San Juan tendrá el don de la profecía. Cuando los aldeanos descubren a una bruja - alguna vieja cuyos quesos se curan mientras que los de sus vecinos no cuajan, o tal vez otra cuyo gato negro, ¡qué siniestro!, la sigue todo el tiempo, desnudan a la anciana y la examinan en busca del tercer pezón mediante el que alimenta a su familiar. Lo encuentran enseguida. Entonces la lapidan hasta que muere.
Invierno y frío.
Ve y visita a la abuela, que ha estado enferma. Llévale las pastas que he preparado para ella y un poco de mantequilla.
La niña buena hace lo que su madre le manda - un penoso camino de cinco millas que atraviesa el bosque; no te salgas del camino, recuerda que hay osos, jabalíes salvajes, lobos hambrientos. Ven, toma el cuchillo de caza de papá: sabes cómo utilizarlo.
La niña se protege del frío con una capa zarrapastrosa de piel de oveja, conoce el bosque lo suficiente como para no temerlo, pero sabe que ha de permanecer en guardia. Cuando escuchó el escalofriante aullido de un lobo, dejó caer la comida, sacó su cuchillo y se giró hacia la bestia.
Las ristras de ajos ahuyentan a los vampiros. Un niño de ojos azules que nazca al revés la víspera de San Juan tendrá el don de la profecía. Cuando los aldeanos descubren a una bruja - alguna vieja cuyos quesos se curan mientras que los de sus vecinos no cuajan, o tal vez otra cuyo gato negro, ¡qué siniestro!, la sigue todo el tiempo, desnudan a la anciana y la examinan en busca del tercer pezón mediante el que alimenta a su familiar. Lo encuentran enseguida. Entonces la lapidan hasta que muere.
Invierno y frío.
Ve y visita a la abuela, que ha estado enferma. Llévale las pastas que he preparado para ella y un poco de mantequilla.
La niña buena hace lo que su madre le manda - un penoso camino de cinco millas que atraviesa el bosque; no te salgas del camino, recuerda que hay osos, jabalíes salvajes, lobos hambrientos. Ven, toma el cuchillo de caza de papá: sabes cómo utilizarlo.
La niña se protege del frío con una capa zarrapastrosa de piel de oveja, conoce el bosque lo suficiente como para no temerlo, pero sabe que ha de permanecer en guardia. Cuando escuchó el escalofriante aullido de un lobo, dejó caer la comida, sacó su cuchillo y se giró hacia la bestia.
Mirarse el "omblibito"
¿Mi blog, un espacio de denuncia? ¿Un vulgar antro de reunión virtual de críticos de los males de esta sociedad? ¿Mi blog? ¿Para qué?
Sincerémonos. Creamos blogs para mimar esa cicatriz (más o menos bonita dependiendo de la pericia de la comadrona) , el rastro del apéndice que nos unía a mamá... No voy a entrar en consideraciones freudianas.
A lo que iba. Aunque no creé este blog con esa intención, a veces me encuentro con situaciones que me desquician. For instance (lo siento, Doc, no puedo evitarlo, lo escribo según va saliendo), y aunque no pueda dar nombres, no me resisto a contaros la última.
Dramatis Personae: profesora de universidad, becaria que no ha perdido la fe en el espíritu humano (aún).
P: De modo que necesitas referencias para una solicitud.
B: Sí... ¿Has pensado en alguien?
P: Bien, veamos... Están X e Y, por su parte no habrá problema.
B: Genial.
P: Y la tercera... ¿Conoces a Z?
(La becaria pone el codo en la mesa y apoya la barbilla en la mano. Hace memoria)
B: Sí, claro. Z, la pareja de W (W es del mismo sexo que Z).
(La profesora tuerce el gesto y mira a la becaria con el ceño fruncido. La becaria está asombrada porque recuerda que en el Primer Acto W le presentó a Z como "su pareja").
P: No, no, te confundes. Z y W comparten una buena amistad, eso es todo.
La becaria se pasa la tarde recordando el momento en que se encontró con Z y W, tratando de hacer memoria. ¿La habrían engañado sus oídos? Días después se entera por oscuros medios que W y Z no sólo comparten amistad, sino un contrato legal celebrado en el Ayuntamiento. Y, aunque ella odie la palabra, literalmente alucina con la hipocresía de la gente. Y no la de la profesora en exclusiva, porque, ¿a qué viene el celo con que W oculta su relación? Es difícil evitarlo, pero ¿qué más da lo que piensen los demás?
Sed fieles a lo que sois. El infierno está lleno de personas que se traicionaron a sí mismas.
Sincerémonos. Creamos blogs para mimar esa cicatriz (más o menos bonita dependiendo de la pericia de la comadrona) , el rastro del apéndice que nos unía a mamá... No voy a entrar en consideraciones freudianas.
A lo que iba. Aunque no creé este blog con esa intención, a veces me encuentro con situaciones que me desquician. For instance (lo siento, Doc, no puedo evitarlo, lo escribo según va saliendo), y aunque no pueda dar nombres, no me resisto a contaros la última.
Dramatis Personae: profesora de universidad, becaria que no ha perdido la fe en el espíritu humano (aún).
P: De modo que necesitas referencias para una solicitud.
B: Sí... ¿Has pensado en alguien?
P: Bien, veamos... Están X e Y, por su parte no habrá problema.
B: Genial.
P: Y la tercera... ¿Conoces a Z?
(La becaria pone el codo en la mesa y apoya la barbilla en la mano. Hace memoria)
B: Sí, claro. Z, la pareja de W (W es del mismo sexo que Z).
(La profesora tuerce el gesto y mira a la becaria con el ceño fruncido. La becaria está asombrada porque recuerda que en el Primer Acto W le presentó a Z como "su pareja").
P: No, no, te confundes. Z y W comparten una buena amistad, eso es todo.
La becaria se pasa la tarde recordando el momento en que se encontró con Z y W, tratando de hacer memoria. ¿La habrían engañado sus oídos? Días después se entera por oscuros medios que W y Z no sólo comparten amistad, sino un contrato legal celebrado en el Ayuntamiento. Y, aunque ella odie la palabra, literalmente alucina con la hipocresía de la gente. Y no la de la profesora en exclusiva, porque, ¿a qué viene el celo con que W oculta su relación? Es difícil evitarlo, pero ¿qué más da lo que piensen los demás?
Sed fieles a lo que sois. El infierno está lleno de personas que se traicionaron a sí mismas.
Monday, December 18, 2006
Cet air-là (la francesita)
CET AIR-LÀ
Quand ils sont longs les jours de pluie
Quand je suis seule quand je m'ennuie
Que dans un rythme monotone
Au fond de moi ton nom résonne
Il me reste cet air-là
Qui vient me parler de toi
Car en chantant cet air-là
Je ne peux penser qu'à toi
Lorsque tour à tour dans ma vie
Que je n't'ai pas vu de la semaine
Que je dis comme une litanie
À mon oreiller que je t'aime
Il me reste cet air-là
Qui vient me parler de toi
Car en chantant cet air-là
Je ne peux penser qu'à toi
Sur le triste quai d'une gare
Si un jour la vie nous sépare
Ou que ton cœur change de route
Moi j'aurai le mien en déroute
Il restera cet air-là
À jamais au fond de moi
Car pour toujours cet air-là
Parlera de toi et moi
Il restera cet air-là
À jamais au fond de moi
Et je sais que cet air-là
Te ramènera vers moi
April March (The Chick Habit). Si alguien averigua cómo conseguir el álbum, lo premiaré con su peso en chocolate, galletas o gominolas. Por cierto, francófonas desocupadas, recién licenciadas o de vacaciones, si tenéis media horita por ahí, por favor traducídmela.
Quand ils sont longs les jours de pluie
Quand je suis seule quand je m'ennuie
Que dans un rythme monotone
Au fond de moi ton nom résonne
Il me reste cet air-là
Qui vient me parler de toi
Car en chantant cet air-là
Je ne peux penser qu'à toi
Lorsque tour à tour dans ma vie
Que je n't'ai pas vu de la semaine
Que je dis comme une litanie
À mon oreiller que je t'aime
Il me reste cet air-là
Qui vient me parler de toi
Car en chantant cet air-là
Je ne peux penser qu'à toi
Sur le triste quai d'une gare
Si un jour la vie nous sépare
Ou que ton cœur change de route
Moi j'aurai le mien en déroute
Il restera cet air-là
À jamais au fond de moi
Car pour toujours cet air-là
Parlera de toi et moi
Il restera cet air-là
À jamais au fond de moi
Et je sais que cet air-là
Te ramènera vers moi
April March (The Chick Habit). Si alguien averigua cómo conseguir el álbum, lo premiaré con su peso en chocolate, galletas o gominolas. Por cierto, francófonas desocupadas, recién licenciadas o de vacaciones, si tenéis media horita por ahí, por favor traducídmela.
Wednesday, December 13, 2006
Traducir me relaja
Lástima que no tenga mucho tiempo. Me voy a dedicar en próximas entradas a traducir una reescritura de Caperucita firmada por Ángela Carter (muy, muy libremente). Después de esto, la amaréis o la odiaréis (y a mí también). Cuando termine, copy and paste y voilá, tendréis el cuento completo (mi regalo de navidad). Intercalaré, por supuesto, toda angustiosa o irónica desventura que en dicho intervalo me suceda (¡pobres!).
El lobo
Es un país del norte; tiempo frío, corazones helados.
Frío; tormentas; bestias salvajes en el bosque. Es una vida dura. Construyen sus casas con troncos y el interior siempre está oscuro y apesta a humo. Una burda imagen de la virgen tras una vela tililante, un jamón colgado para que se cure con el humo, una ristra de setas secas. Una cama, un banco, una mesa. Vidas miserables, cortas y duras.
El Diablo es, para estos leñadores, tan real como tú y como yo, incluso más: a ti y a mí nunca nos han visto, ni siquiera saben que existimos, pero al Diablo alcanzan a verlo a menudo en los cementerios, esas ciudades de los muertos al tiempo tétricas y conmovedoras donde las tumbas se señalan mediante retratos de trazos casi infantiles de los fallecidos, sin flores que las decoren -porque allí las flores no crecen- así que en su lugar dejan pequeñas ofrendas como hogacitas de pan, a veces un pastel que roban los osos que se acercan desde los márgenes del bosque. Por las noches, en especial la noche de Walpurgis, el Diablo hace picnics en el cementerio a los que invita a las brujas. Entonces, como todo el mundo sabe, desentierran los cadáveres frescos y los devoran.
Carter, Angela. De The Bloody Chamber, Vintage 1985 (1979)
El lobo
Es un país del norte; tiempo frío, corazones helados.
Frío; tormentas; bestias salvajes en el bosque. Es una vida dura. Construyen sus casas con troncos y el interior siempre está oscuro y apesta a humo. Una burda imagen de la virgen tras una vela tililante, un jamón colgado para que se cure con el humo, una ristra de setas secas. Una cama, un banco, una mesa. Vidas miserables, cortas y duras.
El Diablo es, para estos leñadores, tan real como tú y como yo, incluso más: a ti y a mí nunca nos han visto, ni siquiera saben que existimos, pero al Diablo alcanzan a verlo a menudo en los cementerios, esas ciudades de los muertos al tiempo tétricas y conmovedoras donde las tumbas se señalan mediante retratos de trazos casi infantiles de los fallecidos, sin flores que las decoren -porque allí las flores no crecen- así que en su lugar dejan pequeñas ofrendas como hogacitas de pan, a veces un pastel que roban los osos que se acercan desde los márgenes del bosque. Por las noches, en especial la noche de Walpurgis, el Diablo hace picnics en el cementerio a los que invita a las brujas. Entonces, como todo el mundo sabe, desentierran los cadáveres frescos y los devoran.
Carter, Angela. De The Bloody Chamber, Vintage 1985 (1979)
Saturday, December 09, 2006
Esto...
Ayer con la emoción (porque me encanta la crítica sobre los cuentos de hadas tradicionales y las versiones postmodernistas de los mismos, aunque no siempre esté de acuerdo con la visión de la crítica o crítico), olvidé un pequeño detalle (dijo el hada mala tras enumerar los dones que sus hermanas habían concedido a la Bella Durmiente): ¿qué cuento os marcó y por qué? ¿En la camita y con la luz apagada, os imaginábais un final alternativo? ¿Os inventaríais uno ahora?
Besos (maternales, los que os daban en la frente justo antes de arroparos).
Besos (maternales, los que os daban en la frente justo antes de arroparos).
Friday, December 08, 2006
Final alternativo
En uno de mis cursos de doctorado dedicamos unas doce horas a comentar el cuento "La Bella y la Bestia". Recuerdo que empezamos con la lectura psicológica; analizamos a la Bestia como hipertrofia de los caracteres masculinos -cuerpo velludo, voz atronadora, furia desbocada, autoritarismo-, también la imposición a Bella de someterse a todo y amar lo que al principio sólo le infunde rechazo y horror... Y el cuento cumpliendo con su función implícita de suavizar el shock que les espera a las niñas tras su boda de ensueño: el descubrimiento del cuerpo masculino y el sexo, que, en la época en que se escribe el cuento en su forma actual (puesto que bebe de fuentes más antiguas) se entendía como una experiencia traumática que las jovencitas debían vivir como un sacrificio (aunque la narradora dejaba una puerta abierta a la esperanza: al final la Bestia resultaba ser el más apuesto de los príncipes). Como colofón leímos una reescritura postomodernista del cuento, firmada por Angela Carter, que os recomiendo de corazón, y por tanto no os voy a destripar; basta con que sepáis que en lugar de una Bella sumisa y dócil, dispuesta a sacrificarse, esta Bella se comporta como una mujer adulta y madura (el contexto sensual y decadente, y sobre todo el final, cortan el aliento).
Bien. Como modo de conocernos mejor y establecer una dinámica de grupo, el primer día el profesor nos propuso que eligiéramos nuestro cuento favorito y explicásemos el porqué de nuestra elección. "My favourite tale is Little Red Riding Hood. Why? Because... Well, because..." Y ahí terminó mi intervención. Sabía que Caperucita Roja era mi cuento favorito, pero desconocía la razón. A lo largo de estos años he reflexionado sobre el tema (¿por qué malgastamos el tiempo pensando en la respuesta perfecta a preguntas enterradas en el pasado?) y creo que lo he descubierto: me encanta Caperucita Roja porque te anticipas al personaje. De niña disfrutaba sabiendo que el bulto bajo las sábanas de la abuelita, en la oscuridad de la cabaña perfumada de hierbas medicinales y miel, en realidad no era la abuelita. Y ese placer se intensificaba con cada segundo que Caperucita arañaba al cumplimiento de su cruel destino mediante observaciones insulsas (nunca, desde entonces, la estulticia ha vuelto a resultarme tan atrayente). En mi mente, Caperucita se entretenía hasta con el último, insignificante pelito de la barba de su "abuela". Y yo me retorcía, primero bajo la vista de mis padres, que seguro que se partían de risa, luego -bien pronto: la lectura me acompaña desde que recuerdo- sujetando el libro enorme con ayud de las rodillas, pensando que en cualquier momento, en cuanto mi madre recuperase el aliento o yo siguiese leyendo, el lobo iba a saltar de la cama, para sorpresa de la niña, y devorarla de un solo bocado, condenada a muerte hasta que el viril y sagaz leñador la sacase de la tripa de un tajazo.
Para ser fiel a la persona que soy ahora, siento que le debo otro final a Caperucita. Recordad, queridos niños que una vez fuisteis y seguís siendo en el fondo, que la tradición literaria oral la determinan los narradores (y no el negocio editorial).
Y el lobo se la tragó de un bocado. Caperucita descendió por el esófago y aterrizó sobre algo blando. Sabía que se encontraba en el estómago y alargó el brazo para averiguar qué le hacía compañía en tan estrecha e incómoda estancia. Otra mano se aferró a la suya con desesperación. Su abuela. Si no salían pronto de allí, ambas se ahogarían. Notó que la soltaba un instante para depositar algo en su mano. Por el tacto, Caperucita supo que se trataba de un pequeño cuchillo de cocina. Y entonces, con determinación y valentía, se abrió paso desde las entrañas del lobo al exterior. Ayudó a continuación a salir a su abuelita. Ante el espectáculo de la anciana y la niña cubiertas de sangre y tripas, un leñador que pasaba por allí no pudo contenerse y se retiró a vomitar a unos arbustos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Posibles críticas:
a) ¿Son Caperucita y su abuela inmunes a los jugos gástricos? Lo son (licencia poética);
b) ¿No me da pena el lobo? No. El lobo ha intentado comérselas.
Besos, queridos niños que una vez fuisteis y seguís siendo en el fondo.
Bien. Como modo de conocernos mejor y establecer una dinámica de grupo, el primer día el profesor nos propuso que eligiéramos nuestro cuento favorito y explicásemos el porqué de nuestra elección. "My favourite tale is Little Red Riding Hood. Why? Because... Well, because..." Y ahí terminó mi intervención. Sabía que Caperucita Roja era mi cuento favorito, pero desconocía la razón. A lo largo de estos años he reflexionado sobre el tema (¿por qué malgastamos el tiempo pensando en la respuesta perfecta a preguntas enterradas en el pasado?) y creo que lo he descubierto: me encanta Caperucita Roja porque te anticipas al personaje. De niña disfrutaba sabiendo que el bulto bajo las sábanas de la abuelita, en la oscuridad de la cabaña perfumada de hierbas medicinales y miel, en realidad no era la abuelita. Y ese placer se intensificaba con cada segundo que Caperucita arañaba al cumplimiento de su cruel destino mediante observaciones insulsas (nunca, desde entonces, la estulticia ha vuelto a resultarme tan atrayente). En mi mente, Caperucita se entretenía hasta con el último, insignificante pelito de la barba de su "abuela". Y yo me retorcía, primero bajo la vista de mis padres, que seguro que se partían de risa, luego -bien pronto: la lectura me acompaña desde que recuerdo- sujetando el libro enorme con ayud de las rodillas, pensando que en cualquier momento, en cuanto mi madre recuperase el aliento o yo siguiese leyendo, el lobo iba a saltar de la cama, para sorpresa de la niña, y devorarla de un solo bocado, condenada a muerte hasta que el viril y sagaz leñador la sacase de la tripa de un tajazo.
Para ser fiel a la persona que soy ahora, siento que le debo otro final a Caperucita. Recordad, queridos niños que una vez fuisteis y seguís siendo en el fondo, que la tradición literaria oral la determinan los narradores (y no el negocio editorial).
Y el lobo se la tragó de un bocado. Caperucita descendió por el esófago y aterrizó sobre algo blando. Sabía que se encontraba en el estómago y alargó el brazo para averiguar qué le hacía compañía en tan estrecha e incómoda estancia. Otra mano se aferró a la suya con desesperación. Su abuela. Si no salían pronto de allí, ambas se ahogarían. Notó que la soltaba un instante para depositar algo en su mano. Por el tacto, Caperucita supo que se trataba de un pequeño cuchillo de cocina. Y entonces, con determinación y valentía, se abrió paso desde las entrañas del lobo al exterior. Ayudó a continuación a salir a su abuelita. Ante el espectáculo de la anciana y la niña cubiertas de sangre y tripas, un leñador que pasaba por allí no pudo contenerse y se retiró a vomitar a unos arbustos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Posibles críticas:
a) ¿Son Caperucita y su abuela inmunes a los jugos gástricos? Lo son (licencia poética);
b) ¿No me da pena el lobo? No. El lobo ha intentado comérselas.
Besos, queridos niños que una vez fuisteis y seguís siendo en el fondo.
Tuesday, December 05, 2006
Song of myself
I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.
I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease observing
a spear of summer grass.
Creeds and schools in abeyance,
Retiring back a while sufficed at what they
are, but never forgotten,
I harbor for good or bad, I permit to speak
at every hazard,
Nature without check with original energy.
(Del Canto I)
Me celebro y me canto
Y lo que es mío también te pertenece
Porque que cada átomo de mi cuerpo es tuyo también
Malcrío mi alma
Me abandono a la indolencia observando
un tallo de hierba de verano
Queden en silencio escuelas y sectas
que han cumplido ya su propósito
-aunque no las olvidaré-,
soy la fuente del bien y el mal, por fin hablo
sin temor a represalias,
naturaleza desatada que desborda energía primordial.
Walt Whitman.
(Doble ración de egolatría, marchando). En serio, conviene quererse y celebrarse un poquito a uno mismo.
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.
I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease observing
a spear of summer grass.
Creeds and schools in abeyance,
Retiring back a while sufficed at what they
are, but never forgotten,
I harbor for good or bad, I permit to speak
at every hazard,
Nature without check with original energy.
(Del Canto I)
Me celebro y me canto
Y lo que es mío también te pertenece
Porque que cada átomo de mi cuerpo es tuyo también
Malcrío mi alma
Me abandono a la indolencia observando
un tallo de hierba de verano
Queden en silencio escuelas y sectas
que han cumplido ya su propósito
-aunque no las olvidaré-,
soy la fuente del bien y el mal, por fin hablo
sin temor a represalias,
naturaleza desatada que desborda energía primordial.
Walt Whitman.
(Doble ración de egolatría, marchando). En serio, conviene quererse y celebrarse un poquito a uno mismo.
Cuesta tanto cambiar (tributo al egocentrismo)
Sufrí un bajón al cumplir los 26 (véase post del 28 de septiembre). 25 sonaba bien ("Se me supone cierta madurez, aunque todavía soy joven para que me disculpen la tontería", con la voz rasposa de Janis recordándome que "I'm twenty-five years older now"): tener uno más me hace sentir como si alguien me hubiese sacado a rastras de una fiesta y me hubiese dejado a las puertas de la Edad Adulta, con todas las responsabilidades que eso conlleva. Decidí entonces que una foma de afrontarlo bien podría ser tratando de enmendar mis defectos; a estas alturas, me doy cuenta que me va a llevar muchísimo más tiempo de lo que me ilusionaba pensar el día de mi cumpleaños. Pese a todo, no renuncio a mi empeño.
Bajo diez minutos a tomarme un café.
Bajo diez minutos a tomarme un café.
Wednesday, November 29, 2006
¿El fin del machismo?
Cuando creces, y en mi caso cuando creces y estudias crítica feminista, postfeminista y postcolonial, te das cuenta de la cantidad de pensamientos no originales que rondan por tu mente, que acatas y respetas como si hubieras sido tú en realidad quien los ha formulado. Tiendes a seguirlos a rajatabla y no te los cuestionas porque te los han inculcado primero tus padres, luego tus profesores y, al fin y al cabo, la sociedad en conjunto. Y tú eres una niña, un proyecto de persona aún sin formar que debe someterse a los dictados de los mayores. En eso reflexionaba tras uno de los momentos más descorazonadores en el tiempo que llevo dando clase.
Aparecieron los títulos de crédito, me levanté a encender las luces. Acababa "La Mujer del Teniente Francés", adaptación de la novela del mismo título. Muy, muy por encima: en la época victoriana, una mujer sin recursos económicos decide no someterse a los dictados de una comunidad cerril y clasista, aunque para conseguir hacer realidad el futuro que anhela tenga que engañar al hombre del que está enamorada (la novela tiene dos finales, aunque en ambos se produce un reencuentro en que ella le explica su versión al protagonista: en uno, ella vuelve con él; en el otro, decide quedarse sola). Quedaban cinco minutos escasos, que decidí aprovechar con una discusión sobre la película.
-¿Y? ¿Qué os ha parecido?
- Que todas las mujeres son unas zorras.
Me quedé sin habla. El comentario lo había hecho... Pues si aceptamos la definición, una zorra, una chica preciosa de unos veinte años, con una vocecita dulce. No supe cómo responder. Creo que el resto percibió mi falta de reacción, porque enseguida sacaron otros temas de conversación. (Dios mío... Acaba de ocurrírseme que tal vez esta chica dé clase dentro de unos escasos cinco años a niñps pequeños, enseñándoles, aunque no sea del todo consciente de ello, que las mujeres están genéticamente dotadas para la manipulación, el engaño y ... la zorrería, si es que la palabra existe).
Segundo choque con la realidad. Revista Marie Claire (mi madre es modista y siempre hay revistas de ese tipo por casa). Sección de opinión "A favor y en contra de: Salir sólo chicas". Argumentos a favor: "Salid solas. Siempre es divertido resultar patéticas", y "Si salís sin hombres, experimentaréis los sufrimientos de la vida real. No os abrirán la puerta del coche, pagaréis la cuenta del restaurante y tendréis que volver en bus"...
¿Cuándo han nombrado a Susanita directora de una revista?
El artículo lo firmaba Empar Moliner, sin embargo, lo que me lleva a pensar que entran en juego grandes dosis de ironía. Y aquí mi segunda pregunta: ¿cuántas mujeres de las que leen Marie Claire sabrían distinguir la ironía del tocino?
Hay días en que me levanto y me doy de bruces con mi campana de cristal.
L... Mañana subo el cable USB, más conocido como chismín, y te mando la canción (I promise!)
Aparecieron los títulos de crédito, me levanté a encender las luces. Acababa "La Mujer del Teniente Francés", adaptación de la novela del mismo título. Muy, muy por encima: en la época victoriana, una mujer sin recursos económicos decide no someterse a los dictados de una comunidad cerril y clasista, aunque para conseguir hacer realidad el futuro que anhela tenga que engañar al hombre del que está enamorada (la novela tiene dos finales, aunque en ambos se produce un reencuentro en que ella le explica su versión al protagonista: en uno, ella vuelve con él; en el otro, decide quedarse sola). Quedaban cinco minutos escasos, que decidí aprovechar con una discusión sobre la película.
-¿Y? ¿Qué os ha parecido?
- Que todas las mujeres son unas zorras.
Me quedé sin habla. El comentario lo había hecho... Pues si aceptamos la definición, una zorra, una chica preciosa de unos veinte años, con una vocecita dulce. No supe cómo responder. Creo que el resto percibió mi falta de reacción, porque enseguida sacaron otros temas de conversación. (Dios mío... Acaba de ocurrírseme que tal vez esta chica dé clase dentro de unos escasos cinco años a niñps pequeños, enseñándoles, aunque no sea del todo consciente de ello, que las mujeres están genéticamente dotadas para la manipulación, el engaño y ... la zorrería, si es que la palabra existe).
Segundo choque con la realidad. Revista Marie Claire (mi madre es modista y siempre hay revistas de ese tipo por casa). Sección de opinión "A favor y en contra de: Salir sólo chicas". Argumentos a favor: "Salid solas. Siempre es divertido resultar patéticas", y "Si salís sin hombres, experimentaréis los sufrimientos de la vida real. No os abrirán la puerta del coche, pagaréis la cuenta del restaurante y tendréis que volver en bus"...
¿Cuándo han nombrado a Susanita directora de una revista?
El artículo lo firmaba Empar Moliner, sin embargo, lo que me lleva a pensar que entran en juego grandes dosis de ironía. Y aquí mi segunda pregunta: ¿cuántas mujeres de las que leen Marie Claire sabrían distinguir la ironía del tocino?
Hay días en que me levanto y me doy de bruces con mi campana de cristal.
L... Mañana subo el cable USB, más conocido como chismín, y te mando la canción (I promise!)
Sunday, November 26, 2006
Exclusiva...
Que viene a ser la traducción de Scoop. Me ha gustado la película, muy en la línea de Woody Allen (si la fórmula lleva casi cuarenta años funcionando, ¿para qué cambiarla?): diálogos ingenio(u)sos, Woody Allen interpretándose a sí mismo... Aunque los primeros cinco minutos te dan ganas de arrancarte un brazo y méterselo a Scarlett Johanson en la boca, de alguna manera consigue convertir la sobreactuación en despiste y dulzura, y al final sientes mucha simpatía por ella (o a mí me ha ocurrido). Y Hugh Jackman (sorry if my spelling is wrong) parece... Un momento, ¿ES británico? Me asaltan las dudas. Si os gusta el cine de Allen, id a verla. Disfrutaréis. Los demás... Bueno, si hay alguien en mi entorno profriki que lo aborrezca (y he dicho aborrecer, que no es lo mismo que "No me apasiona pero tampoco lo odio"), sería una sorpresa.
Wednesday, November 22, 2006
So, so, so far away
So far away
Come on I'll take you far away
Let's get away
Come on let's make a get away
Once you have loved someone this much
you doubt it could fade
despite how much you'd like it to
you'd like it to fade
Let's fade together
Let's fade forever
Let's fade together
Let's fade forever
Let's fade together
If we get away
You know we might just stay away
So stay awake
Oh, why the hell should I stay awake?
When you're far away
Oh god you are so far away
I looked at your wall
Saw that old passport photograph
I look like I've just jumped the Berlin Wall
Berlin I love you
I'm starting to fade...
Franz Ferdinand
La canción que no ha parado de sonar en mi MP3 esta tarde (sí, tengo una de esas tardes). Escuchadla si no lo habéis hecho aún. Dedicada a quienes no se decidan entre dejar que se esfume un amor o esfumarse con la persona amada.
Come on I'll take you far away
Let's get away
Come on let's make a get away
Once you have loved someone this much
you doubt it could fade
despite how much you'd like it to
God how you'd like it
you'd like it to fade
Let's fade together
Let's fade forever
Let's fade together
Let's fade forever
Let's fade together
If we get away
You know we might just stay away
So stay awake
Oh, why the hell should I stay awake?
When you're far away
Oh god you are so far away
I looked at your wall
Saw that old passport photograph
I look like I've just jumped the Berlin Wall
Berlin I love you
I'm starting to fade...
Franz Ferdinand
La canción que no ha parado de sonar en mi MP3 esta tarde (sí, tengo una de esas tardes). Escuchadla si no lo habéis hecho aún. Dedicada a quienes no se decidan entre dejar que se esfume un amor o esfumarse con la persona amada.
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