Confío en que te tomes un descanso para leer esta carta ahora que gracias al libro del ex-presidente Aznar - y subrayemos lo de Ex, Santi, porque con los años te darás cuenta de que a determinadas personas les cuesta renunciar a lo que creen que les corresponde por derecho- te han sido concedidos tus quince minutos de fama.
Santi, voy a revelarte una verdad que sacudirá las raíces de tu identidad en el caso de que hayas dado por buena la tesis del señor Aznar según la cual la construcción de tu visión del mundo la determinan tus orígenes (curioso, si me permites la observación, que tus ideas sobre la realidad dependan de una cuestión tan accidental como el lugar en que naces). El concepto de nación no existe más que en la mente de quienes necesitan de dicho concepto para sentir que pertenecen a una comunidad. Pero, me rebatirás indignado, existe una red de estructuras y servicios, una lengua y un espacio geográfico comunes... ¡Una historia milenaria, por Dios! (historia, Santi, que el señor Aznar siempre ha planteado en términos reduccionistas como una continua oposición entre el bien y el mal). Benedict Anderson, siguiendo con lo mío, denomina a esta ficción "comunidad imaginada", porque si no existe una interacción directa ni cotidiana, expone, la única relación entre los miembros de una nación es el vínculo mental que establecen en su imaginación. El mismo Aznar lo reconoce de modo implícito al concluir que España es una "realidad sentimental". No te confundas, no abogo por la anarquía y el fin del Estado; únicamente te pido que recuerdes que ciertas concepciones de la "nación" no existen más allá de la pasión enfervorizada de sus defensores; y que antes que ciudadanos de nuestra ciudad y de nuestro país, somos ciudadanos del mundo (Sócrates, como ves, se planteaba estas cuestiones mucho antes de la invención de España).
Ahora quiero que exponer mi opinión respecto a aspectos puntuales de la obrita que el señor Aznar dedica a tu desarrollo como español de pro. En ella afirma que la izquierda está en crisis, que carece de referentes intelectuales, y que se alinea con el islamofascismo. Bien, Santi: si el referente intelectual que te ofrecen los democristianos ultraconservadores es el señor Aznar, capaz de utilizar sin empacho un neologismo mediante el que vincula el grueso de una religión con el movimiento político fascista (¿te imaginas cómo reaccionarían sus filas si tú te atrevieses a emplear la palabra "cristianofascismo"?), y que se precia de su amistad con George W. Bush (quien a la pregunta "¿Por qué invadir Irak?" respondió "Bueno, ellos quisieron matar a mi papá"), tal vez deberías replantearte tus opciones.
El pensamiento único anula el diálogo, proclama el ex-presidente desde sus recién publicadas páginas; lo políticamente correcto impide la libre expresión. Esto me lleva a preguntarme qué entiende el señor Aznar por políticamente correcto, y cómo conjuga su desprecio por ideologías, creencias y opciones que no coinciden con las suyas con la defensa del diálogo. Supongo que funciona así:
Nosotros. Esta es nuestra opinión y por tanto, lo correcto.
Los/otros. Bien, lo respeto, pero nosotros pensamos que...
Nosotros. No, no, no nos habéis entendido. Esta es nuestra opinión y, por tanto, lo correcto.
Los/otros. Bien, de acuerdo, nada que objetar. Pero, ¿no se os ha ocurrido que...?
Nosotros. Esta. Es. Nuestra. Opinión. Y. Por tanto. Lo Correcto.
(Luego los victimistas saldremos con que Aznar, los ultra democristianos y los neocons ignoran el concepto de diálogo y bla bla bla).
En fin, Santi: ten cuidado con aquello en lo que pretendan convertirte (desde las derechas o desde las izquierdas) y piensa siempre por ti mismo.
Atte.,
Una indecente.
3 years ago